
¿Sabías que de 93 películas del Monstruo, el aspecto que todos recordamos corresponde a solo una de ellas?
Si has leído el libro sabrás de antemano que la descripción del
monstruo que escribió Mary W. Shelley no se le parece a este ni de
cerca. Aunque pocos conocen realmente el aspecto de la criatura, muchos
saben cómo luce incluso sin haber leído el libro o de solamente haber
visto un filme.
Ese rostro ha estado con nosotros todo el tiempo y por más versiones que veamos, para todos el monstruo original será ese.
Podrían describirlo fácilmente en unas pocas palabras al bastardo,
bautizado de manera errónea con el apellido de su creador, asociado
irremediablemente como el nombre de la criatura –Que nunca tuvo nombre-
como un rezo, como una ley promulgada e irrebatible, malentendida,
pero reconocible al fin. Fue probablemente de los primeros monstruos
después del coco con los que pudiéramos habernos familiarizados durante
nuestra niñez.
¿Quieres saber por qué, acompáñame a descubrirlo!
Cuando me dispuse a leer la obra de Shelley hace unos pocos meses,
esperaba las mejores impresiones, el corazón me brincaba eufóricamente
por apreciar los orígenes del monstruo que creía conocer, en su lugar
una vez una vez devorado el libro no sólo se vieron abatidas todas las
creencias que me guardaba con el personaje, también surgió dentro de mí
una pregunta que me consumió angustiosamente.
¡En qué momento de la historia se perdió aquella profundidad moral y filosófica que identificaba al maravilloso engendro, y se convirtió en la zarrapastrosa máquina de matar descerebrada que hemos visto en el cine todo este tiempo?
Y es que de verdad me he encontrado con uno de los personajes más
fascinantes en la ficción, no es por tanto ninguna exageración que me
haya exasperado durante los primeros días de aproximación a la obra; me
sentía estafado, encontraba mi juicio nublado de una ligera irritación y
le quitaban, aunque minúsculamente, todo el placer a mi lectura.
Pero lo cierto es que no por nada el personaje se ha vuelto todo un
ícono de la cultura popular y en uno de los monstruos más emblemáticos
del siglo XX, además de mantener vigente una figura de pesadilla que
espantaría al más escéptico, sigue siendo aún recipiente de historias y
un referente indiscutible que ha marcado su influencia en muchos otros
monstruos y villanos conocidos, decidí entonces ver de manera objetiva
la situación y emprender una asidua búsqueda por encontrar respuestas a
esa pregunta.
Vamos entonces a realizar un breve recorrido y un pequeño análisis
por la película más significativa que redefinió el monstruo como lo
conocemos.
Pero antes pongámonos un poco en contexto revisando su primera adaptación y sus influencias.
Primera adaptación al cine

Tras el rotundo éxito de la obra de Mary W. Shelley en 1818 se
estuvieron realizando numerosas adaptaciones al teatro, la primera de
estas siendo apenas cinco años después de la publicación de la novela,
por el dramaturgo Richard Brinsley Peake el 29 de agosto de 1823 y titulada el destino de Frankenstein.
Mary W. Shelley asistiría a esta presentación en compañía de su padre y
le daría el visto bueno tanto al dramaturgo como al actor encargado de
darle vida al monstruo, desde entonces se realizaron distintos montajes
hasta finales del siglo XIX, eso nos deja claro que antes de ser llevada
al cine la obra era ya bastante popular.
Considerada por algunos como el primer filme de terror norteamericano
y la primera adaptación del personaje en la gran pantalla, fue una
película silente de catorce minutos escrita y dirigida por J. Searle Dawley inspirada en la novela y algunos libretos que se llevaron a las tablas. Rodada en tan sólo tres días en los estudios de Thomas Edison
en Nueva York, Edison aunque figura en los créditos como productor, no
tuvo mayor relevancia ni participación activa en el filme.
El filme de Dawley por su corta duración centra el conflicto de la
película en lo más evidente, que es el Monstruo contra el Doctor; y es
que hubiera resultado imposible resumir las dimensiones de ambos
personajes en tan poco tiempo, y mucho más plasmar el salto abismal que
supone la transformación del primero, había que focalizar la historia
desde un prisma que fuera mucho más directo y que pudieran entender las
nuevas audiencias, a fin de cuentas, una adaptación brilla más por el
agregado que le pueda brindar a la obra original.
Una de las principales diferencias con respecto a la novela es en el
momento de su creación en la fuente que le otorga la vida al engendro,
mientras que en la novela es un rayo el que aviva la chispa de su
existencia, sin brindarle mayor detalle de las peripecias que ocurrían
en el laboratorio al lector, Dawley aprovecha la oportunidad de
refrescar la historia sumándole un origen distinto, haciendo que el
monstruo emerja de entre las llamas como en un ritual alquímico,
llenando así ese vacío que se reducía a divagaciones del doctor tras el
impacto del rayo en el texto literario.
El Monstruo emergiendo de un caldero
Algo un poco menos científico de lo que dejó la joven escritora a la
imaginación, pero mucho más vivaz e ilustrativo que a fines de la cámara
se veía bien e inspiraba el pavor en la audiencia, además de resultar
en un escabroso acierto para el género.
El aspecto del monstruo entonces era semejante al propuesto para la obra de teatro de 1823, con cabellos largos y negros opacos y una ropa holgada y andrajosa cubriendo pobremente su deforme y prominente cuerpo.
Este filme se dio por perdido durante muchas décadas, ya que fueron
muchas las cintas que incineraron a manera de venganza durante el
revuelo de los años veinte a consecuencia del monopolio del cine con el
que Edison se había hecho en la ciudad, afortunadamente una de estas
copias sobrevivió y apareció en la década de los setenta en una
colección privada, hoy en día se encuentra restaurada y disponible para
todos en Youtube.
Se sabe que hubo al menos otras dos películas inspiradas en este primer filme llamadas: il monstro di Frankenstein (1921) de Eugenio Testa y Life without Soul (1925) dirigida por Joseph Similey,
de las que poco se sabe hoy y que sólo se conocen por testimonios del
equipo de producción y una que otra imagen del set circulando por
internet, no se ha visto copia alguna de estas dos películas hasta la
fecha.El filme que definió todo

Luego de que Estudios Universal viera la masiva audiencia que había
reunido el estreno de Drácula, la adaptación del libro de Bram Stoker,
decidieron encarar otra producción que tuviera como protagonista también
a un monstruo de la literatura.
El trabajo fue asignado al Director James Whale y a los guionistas Garret Fort y Francis Faragoh, que estarían encargados de adaptar el libreto de la pieza escrita por Peggy Webling, obra exitosa basada también en la novela de Shelley cuyos derechos recientemente había adquirido el estudio Universal para la realización de la película.
Es en esta película la que le da verdaderamente forma a la leyenda y
la que moldea el aspecto visual y característico al que durante décadas
sería referencia inalterable del personaje.
Es en la historia en donde a grandes rasgos vemos los cambios que
redefinieron al monstruo con relación a su referente literario, aquí se
distancia enormemente de la historia original, pese a sus muchas
similitudes, ahondando más en el conflicto externo de monstruo vs
doctor/muchedumbre y estableciendo al engendro como una mole atolondrada
y violenta por naturaleza. Esto no quiere decir por supuesto que
carezca de trasfondo o de complejidad, de hecho que para retratar las
angustias de entorno social de entonces, era necesario reinventar por
completo la historia y los personajes para que se ajustasen a su tiempo y
a problemas y terrores más contemporáneos que los de la novela.
La historia va de lo siguiente, y presten atención a los detalles
pues me dedicaré en ahondar en este apartado, ya que es cuando empiezan a
surgir las más significativas diferencias y agregados que terminarían
por moldear al monstruo como lo conocemos, y no es fortuito que a la
fecha sigue siendo una de las película más taquillera del estudio.

El Dr. Henry Frankenstein es un científico
apasionado y seducido por los oscuros umbrales de la ciencia, que
confinado en sus estudios y fascinado por el alcance de sus invenciones,
se propone con ayuda de su ayudante de laboratorio el Jorobado de Fritz, a inmiscuirse en un cementerio durante un entierro y poder robar un cuerpo que ha sido recién ahorcado y extraer así su cerebro
de el y colocarlo en lo que presume será la criatura perfecta. Para su
desgracia encuentra el cadáver con el cuello roto y la cabeza
estropeada, y sin posibilidades de usarlo decide probar suerte en otro
sitio.

Frankenstein envía entonces a Fritz a irrumpir en la facultad de
medicina de Goldstad, y aguarda a que todos se marchen observando tras
la ventana de un salón una clase en donde estudian las diferencias anatómicas entre el cerebro de un criminal esquizofrénico y el de una persona común.
Una vez terminada la clase Fritz entra a tomar el cerebro corriente y accidentalmente termina rompiendo el frasco del cerebro normal, por lo que no le queda de otra que llevarse el criminal al laboratorio.
Es entonces cuando Elizabeth, la prometida de Frankenstein,
preocupada por sus noches de entero aislamiento y la consternación que
le produce la irregular y misteriosa correspondencia que le envía y en
las que apenas detalla sus siniestros experimentos, le pide a Víctor
Mortz, gran amigo de ambos, que por el bien de su prometido la acompañe
hacia Goldstad para hablar con el Doctor Waldman, quien fuera docente de
Frankenstein para obtener respuestas y cerciorarse de que no se encuentre gravemente de salud.

Al llegar con Waldman éste les confiesa la expulsión de Frankenstein de su universidad y su distanciamiento por la inmoralidad de sus experimentos
y ambiciones. Tras el ruego de Elizabeth acepta acompañarla a ella y a
Victor hasta el castillo de Frankenstein, pero sólo presenciarían el
horror de sus experimentos y el nacimiento de una abominación.
Partiendo de aquí tenemos casi todo el constructo del que se
derivaron las demás obras y el perfil de monstruo clásico por
autonomasia, esta es la criatura con la que todos estamos
familiarizados; de piel verdosa cubierta de cicatrices por todo su
cuerpo, nodos en el cuello, de pronunciada estatura que lo hacen tan
ágil como una tortuga y de una fuerza bruta mortal y demoledora.
Comencemos por uno de los más reconocidos y menos importante.

Recordado comúnmente como un personaje siniestro, con una pronunciada
curvatura en su columna vertebral y una mirada que inspira
desconfianza, en la historia de Frankenstein no pinta más que garabatos
sobre el lienzo, está ahí para ser el secuaz del científico loco que
cumple servicialmente cada orden o capricho del mismo.
Su personaje se ha visto repetido también como el asistente de
Drácula en algunas otras películas, y durante el siglo XX no tendría
mayor importancia más allá de personificarse en otras historias y nuevos
personajes, es de hecho en este nuevo milenio en la que este curioso
personaje ha tomado las riendas de su propia historia y ha pasado de ser
menos que un secundario a protagonista en películas como Igor (2008) o inclusive la película de Víctor Frankenstein protagonizada por James Mcavoy y Daniel Radcliffe,
que realmente fue más una película sobre la maltrecha y humillante vida
de Igor, el poder de la amistad y el amor sumado de otras cursilerías,
que sobre la lucha del moderno Prometeo contra su creación.
El personaje sólo existe en algunas de las películas del Monstruo, aunque ha tenido apariciones en otras películas, su función es siempre secundaria y asistencial.

De Víctor Frankenstein pudiéramos decir que ha sufrido tantos cambios
como el Monstruo, centrándonos en su perfil y las motivaciones del
personaje, durante las tres primeras décadas se mantuvo un poco más
apegado al perfil de su referente literario, siendo un científico
consumido por su desmedida ambición que lo arrastraban a cometer errores
inconcebibles, y que al ver a su abominación libre, emprendía un viaje o
una lucha para acabar con la criatura en búsqueda de redención.
No podríamos atribuirle el acuñar propiamente el arquetipo, ya que
existía desde mucho antes de la creación del personaje, generalmente
atribuido a chamanes o alquimistas cuando la ciencia moderna aún no
estaba tan avanzada, se les solía categorizar de la misma manera
psicótica, compulsiva y de absoluta devoción a su trabajo de
experimentación con distintas pócimas y excéntrica indumentaria, pero sí
que Frankenstein representa uno de los mayores referentes a la hora de
emplear el término y ser el científico loco por excelencia, siendo uno
de los ejemplos más conocidos mundialmente figura como el asta de dicha
bandera al nacer en el apogeo de la revolución industrial, en un momento
histórico en las que los avances de la ciencia habían terminado de
tornar obsoletos todo conocimiento alquímico y espiritual a los que
pudieran asociar los fenómenos de la naturaleza, y se presentaban la
ciencia moderna y a este particular personaje remplazando los rituales o
los conjuros con bobinas, artefactos mecánicos y una química mucho más
refinada, sin dejar de gozar por supuesto de la personalidad obsesiva y
maniática que caracteriza el perfil del arquetipo.

Frankenstein siendo estrangulado por el monstruo - The curse of Frankenstein (1957)
Pero al igual que el monstruo el científico se ha reinventado de
muchas formas, siendo en una de sus más maniacas versiones el de la
película dirigida por Terrence Fisher: The Curse of Frankenstein (1957) –Que por cierto fue la primera película a color del engendro- interpretado por Peter Cushing
en la que hace de un Frankenstein cínico, mentiroso, manipulador y
maniático homicida.
Podemos colocar de ejemplo también la que mencioné
anteriormente de Víctor Frankenstein (2015) dirigida por Paul Mc Guigan
mostrándonos a uno bonachón, excéntrico y motivado por un conmovedor
pasado de desaprobación paternal sumado de un complejo de superioridad
insatisfecho.
De cualquier forma, siempre ha sido representado como un personaje de
muchísimo conocimiento a veces volátil, otras agresivo, y en muy pocas
ocasiones tan humano y vulnerable como para colocar reparo en sus
errores.
Batlla final entre Frankenstein y su creación (El doctor Frankenstein 1931)
Su figura como el caballero que intenta remediar su afrenta a la
naturaleza se ha visto ofuscada ante sus reconversiones desbordantes en
delirio, a lo que reduce en gran medida la inestabilidad de un personaje
que con el tiempo no ha hecho otra cosa que catalogarse como un
demente.
Víctor Frankenstein, a diferencia de su creación que sin importar su
caracterización casi siempre representará el mal encarnado y la amenaza a
detener, se ha convertido en un personaje cambiante e irregular cuyo
protagonismo se ha visto reducido en la última década, aunque desde la
película de Fishing hayan decidido enloquecerlo a niveles
absurdos, las adaptaciones a partir del dos mil han optado por borrarlo
casi por completo de la historia para sumarle más protagonismo al
monstruo, otras series como Penny Dreadful (2014) por su parte traerían de vuelta al personaje bajo los reflectores con una participación un poco más protagónica.

Otro aspecto que Whale rescató del filme de 1910 fue el de mostrar el momento de la creación del monstruo.
El proceso mediante el cual Frankenstein le otorga la vida al
engendro no se nos detalla en ningún momento en la novela, Shelley se
limita a decirnos tan sólo que con el golpe de un rayo aquél engendro
despierta por primera vez entre los vivos, pero nunca sabemos con
exactitud lo que sucede en el momento cumbre en el laboratorio.

La estética expresionista nos recuerda a filmes como El Gabinete del Doctor Caligari de Robert Wiene o Metrópolis de Fritz Lang
Los guionistas escribieron con lujo detalle este momento tan crucial
de la historia en la película, logrando una catarsis con abrumadora
atmósfera que se coreografiaba gloriosa y espectacularmente en un
concierto de bobinas chispeando y poleas en movimiento que aumentaban
el drama y el horror, de rayos y centellas que develaban a destellos el
sombrío laboratorio con sus punzantes y estridentes maquinarias e
instrumentaría más propias de un verdugo que de un hombre de ciencia.

La frase continuaba “Now I know how God feels! " Pero fue censurada del filme por lo polémico que resultaba para la época.
Cómo el héroe romántico se transformó en una máquina asesina

Es probable que de no ser por el garrafal error de Fritz, ninguno de
los crímenes de la película habría ocurrido. ¿En qué radica entonces la
importancia de este acontecimiento?
Hay que tomar en cuenta también que este asunto de los cerebros no
está azarosamente a dentro de la trama, sino que tiene un sustento en
los trabajos de investigación psiquiátrica y criminalística del
reconocido científico Césare Lombroso, criminólogo y médico Italiano del siglo XIX precursor de la criminología moderna.
Muchas de sus teorías afirmaban que algunos individuos podían nacer con tendencias criminales. En su libro El hombre delincuente (1876), Lombroso define el origen del llamado gen del mal como un error evolutivo
en la especie humana que yace tanto en delincuentes como en asesinos y
violadores, que por su propia naturaleza están propensos a demostrar
algunas conductas antisociales que se pueden ver representadas en
fenómenos psiquiátricos que son además identificables a partir de la
fisionomía del sujeto.
Aunque muchos de sus estudios hoy siguen generando debates y algunos
otros se han vuelto obsoletos, es incuestionable el gran aporte a la
comunidad científica y su innegable contribución – aunque indirectamente - a reinventar el perfil de uno de los monstruos más célebres.
Volvamos un poco atrás en la historia para comprender el siguiente punto.
Como podemos contemplar en la siguiente escena justo en el momento
previo a que Fritz robe el cerebro en el frasco, el profesor les señala a
sus estudiantes las diferencias entre el cerebro de una persona común y el de un criminal.
Sus palabras exactas son las siguientes:
Y para concluir, damas y caballeros. Aquí tenemos uno de los especímenes del cerebro humano más perfectamente conservados que he podido ver dentro de esta universidad. Este frasco contiene el cerebro de un criminal esquizofrénico, observen bien la escasez de circunvoluciones en el lóbulo frontal, comparándolo con un cerebro normal. Y también observen la distinta degeneración del lóbulo frontal medio, todas estas características compaginan de sobremanera con el historial clínico del cadáver que está ante nosotros, y cuya vida está dedicada a la brutalidad, a la violencia, y al homicidio. Ambos frascos permanecerán aquí para que puedan estudiarlos.
Seguro se estarán preguntando tanto como yo de qué diablos está
hablando. No se extrañen porque como muchos de ustedes yo tampoco
estudio medicina, pero me he dado la tarea de ilustrarme en lo esencial
para entenderlo un poco más y hacerles entender a ustedes, permítanme
entonces explicarles con brevedad a qué se refiere.

Las circunvoluciones son ese relieve sobre la corteza cerebral que
parecen laberínticas líneas, a estas delimitaciones se les conocen como
surcos y cisuras que pueden variar su hendidura, se forman como
consecuencia del plegamiento de la corteza cerebral y su función es
integrar las diferentes áreas cerebrales.
A los lóbulos los podemos dividir en hemisferios dentro de nuestro
cerebro en cuatro diferentes, cada uno de ellos tiene una función
determinada y de su correcto funcionamiento dependerá nuestra percepción
de los sentidos, el procesamiento de algunos órganos así como también
nuestra función motora.
Pueden hacerse una idea de lo catastrófico que puede ser la
degeneración de cualquiera de estos, entendamos pues que si es de origen
orgánico, como pudiera serlo reacciones químicas o metabólicas, o
incluso por malformaciones estructurales en las mismas, sus
consecuencias se reflejaran en disfunciones motrices o de órganos
vitales.
Pero si hablamos de causas desconocidas o patológicas, sus
consecuencias se reflejarán en trastornos de la conducta como la
bipolaridad, psicosis y esquizofrenia.

Su clasificación serían las siguientes, Lóbulo Occipital es el rojo, Parietal amarillo, temporal verde, y el que nos compete a nosotros enmarcado en azul, el lóbulo frontal, que como vemos es el más grande de todos.
El lóbulo frontal está relacionado con el manejo de nuestros impulso y
la regulación de nuestra conducta expresiva, el comportamiento sexual,
la socialización, la producción del lenguaje, la memoria a corto plazo y
funciones motoras simples como lo pueden ser el gesticular, levantarse,
desplazarnos, agarrar y mover objetos.
Todo esto hablando en líneas muy generales.
Lombroso clasificó algunas de estas degeneraciones evolutivas o lesiones cerebrales en una categoría de su libro a la que llamó Delincuente Nato, y cumplía las siguientes características:
• Irregularidad craneal y en la formación del rostro (Frente Prominente)
• Insensibilidad al dolor y al tacto.
• Desarrollo anormal de las extremidades superiores e inferiores (Brazos y piernas más largas de lo habitual)
• Hostilidad.
• Sobre desarrollo de la mandíbula inferior.
• Abultamiento del occipucio.
• Carencia de sentido moral o remordimientos.
• Tendencia al vicio.
• Trastornos antisociales.
Y que propuso con el fin de adaptar las sentencias de juicio a las
condiciones de cada individuo que infligiera la ley y cumpliera en gran
medida con este perfil. O incluso detectar a personas que coincidieran y
que fueran apresadas inmediatamente antes de que cometieran un delito y
así preservar el bienestar social.
De ese principio podrían haberse inspirado historias como Civil War II , Minority Report, Predestinación y similares.
Como podemos ver este perfil coincide a la perfección tanto
psicológica como físicamente con nuestro estimado Monstruo. A estas
alturas ya las semejanzas con su referente literario serían ridículas,
puesto que el apartado del intercambio de cerebros redefine al monstruo a
tal punto de contraponerlo en ideales y principios completamente
opuestos con el de Shelley.
Si el monstruo del libro representaba el principio de Rousseau sobre si el hombre nace bueno, y la sociedad lo corrompe hasta volverlo vil; Su versión cinematográfica expresa su contrario, apoyado en los estudios de Lombroso, en que el mal existe y puede estar arraigado en tu propia naturaleza.
Pero no sólo a los guionistas le debemos esta reconstrucción total a
las dimensiones del personaje, ya que sin el apartado estético el
monstruo probablemente no sería lo que es.
Esculpiendo a la pesadilla

Jack Pierce maquillando a Boris Karloff.
Cuando pensamos en el monstruo de Frankenstein con plena seguridad
vendrá a nosotros el inquietante porte que describí al principio. No es
fortuito que de 93 versiones del monstruo realizadas en toda su historia
en el cine -Una por cada película- La que más recordamos sea la de Jack Pierce.

Jack Pierce fue un talentoso y prolífico maquillador en lo que fue la
ola de monstruos durante el siglo XX, llegó a estados unidos en su
segunda década con el sueño de jugar béisbol, que al no dar la talla
para clasificar en las grandes ligas, acabó por resignarse encontrando
empleo en la industria cinematográfica, sin tener idea de lo exitoso que
se iba a convertir.
Para cuando Pierce había comenzado a trabajar en el medio, todavía no había llegado el sonido al cine -acoto que el sonido en el cine no llegó sino hasta el año 1927-
Por lo que era indispensable que la interpretación de los actores al
igual que el maquillaje, fueran tan expresivos y destacables como fuesen
posible.
Para 1931 ya el sonido en el cine era un hecho, y Pierce había
trabajado en el maquillaje de Bela Lugosi como el conde Drácula en 1931
el cual había sido tremendamente acogido, y debutaría finalmente con el
trabajo que le otorgaría el reconocimiento a nivel mundial al asumir el
maquillaje de Boris Karloff para convertirlo en el nuevo Monstruo de Frankenstein.

Al igual que los guionistas, Pierce se entregó también en una ardua
de investigación de unos tres meses para confeccionar el rostro más
horroroso, tres meses en los que estudió minuciosamente la anatomía
humana, la estética de las heridas y la fragilidad de la carne tras
muertes violentas y desmembramientos.
De hecho muchas de las características de la máscara coinciden con el perfil del criminal nato expuesto anteriormente
.
La exitosa destreza de Pierce para moldear y transformar a los
actores en horrendas criaturas le garantizó a Karloff una fortuna y un
contrato de siete años con Universal Studios en las que en dupla con
Pierce, caracterizarían a innumerables monstruos en lo que fue
probablemente la mejor década del cine norteamericano de terror.

Pierce requería hasta de seis horas de trabajo en su taller para lograr caracterizar al actor, era conocido por tener un muy mal temperamento pero se llevaba muy bien con Karloff.
Pierce hizo posterior a esta película el maquillaje de muchos
monstruos más como La momia, el hombre lobo, una secuela de esta misma
película y más, hasta convertirse en toda una eminencia en la creación
de monstruos y en uno de los maquillistas más importantes en Hollywood.
Su asombrosa labor y legado en la cultura popular del cine de terror
nos recuerda además la importancia de cada departamento en el cine, que
una película se construye en colectivo y lo significante que es el
aporte de cada uno de estos en la realización, porque estoy seguro que
de no haber sido por esa máscara el monstruo no habría pasado de su
segunda entrega.
Pierce se convirtió rápidamente en una leyenda a la que el cine
norteamericano le debería muchísimo, pero a la que poco le retribuyó en
sus últimos días.

Bandas como Metallica y Rammstein les han dedicado también canciones al monstruo como Some kind of Monster o Mutter.
La influencia que ha tenido el monstruo de Frankenstein en la cultura
popular es inconmensurable, habiendo sido referenciado en series,
comics, películas, videojuegos y en la música de tal manera que se ha
grabado a fuego en nuestra memoria.
Se han realizado desde entonces numerosas adaptaciones, desde fieles a
la novela cuan copia al carbón como fue la protagonizada por Robert De Niro en (1994) o la miniserie de Ethan Hurt en (2004), Hasta parodias como la de Mel Brooks de Young Frankentein (1974) o crossovers fascinantes como en Van Helsing de (2004) en las que unía el universo vampírico junto con otros monstruos y leyendas.
A pesar de los intentos que se hicieron por recrear la máscara, ninguna logró trascendencia como la de Jack Pierce
Sólo me queda decirles lo mucho que me complace hacer estas lecturas e
investigaciones, no existe absolutamente nada que esté de manera
gratuita en el arte, tampoco nada que permanezca fijo e inalterable. Así
es esto, una reconstrucción constante que se nutre de cuanto puede y en
la que todos realizan su significativo aporte, y a mí en particular, me
emociona muchísimo poder rastrear estos vestigios hacia su punto de
origen para comprender mejor las cosas y poder compartirlo con ustedes.
Mary W Shelley entregó su monstruo al mundo, nosotros lo tomamos y
lo hicimos nuestro al inmortalizarlo en nuestra cultura dispersándolo
más allá del tiempo y del alcance de sí mismo, la hemos cargado de
belleza, de nuevos horrores, de dimensiones más complejas y todo un
espectro de matices que no hacen más que renovarse con el pasar de las
generaciones.
Frankenstein y su Monstruo viven en las atrocidades cometidas a la humanidad en nombre de la ciencia.
En los milenarios dilemas sobre el bien y el mal que distan mucho de algún consenso.
En el miedo a la muerte, a lo desconocido, en nuestras angustias existenciales.
Yacen también en nuestros sueños más fantásticos, como los mismos que
inspiraron a la escritora a concebir semejante criatura, en la música
que componen nuestras bandas favoritas y que pasamos tarareando todo el
día, en aquellas películas que aunque lo intentamos nos es inevitable
ver una y otra vez, en los cuentos de camino que tiene que decir algún
viejo pueblerino cuyos años no han pasado en vano, en las historias que
nos contamos, pues a fin de cuentas, siempre nos remiten a nosotros
mismos.
Con esto concluyo Frankenstein o El Moderno Prometeo, espero ofrecerles pronto algún otro ejemplar literario.
Id por la sombra, y nos vemos pronto.

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