Mastico tus palabras y quedo hambriento, no me llenan ni me nutren, todas tienen un sabor amargo y están tan huecas que no podrían completar una oración. Los siguientes versos no son más que fragmentos de áridos días que aderezo, recopilaciones de aquellos diarios que nadie lee, de los que ocasionalmente incluso yo me olvido actualizar hasta que algunas emociones se vuelven demasiado incontenibles como para mantenerlas apresadas más tiempo. Hoy las dejo libres para que ronden donde quieran y encuentren cobijo con algún visitante en algún cálido sitio, uno mucho más agradable y más tranquilo que la frialdad de mis páginas y perenne indiferencia. Las suelto porque de conservarlas me hundiría con ellas –O las ahogaría conmigo— así que las entrego al mundo con la más sincera nobleza, porque sé que a mi lado tarde o temprano morirían de hambre o morirán de frío. I Cómo podría soñar contigo Si no es mi reflejo el que centellea ante el cristal frente a tus oj...
Nunca tuve miedo de fantasmas he vivido entre los muertos Nací a la nostálgica sombra del retrato de quien ya no está Oigo en la noche el susurro de un órgano viejo consumido por el tiempo que ahora enmudece El silencio del salón La cena servida fría Solitaria Desabrida Habitan conmigo las ruinas de lo que alguna vez fue hogar Evito mirar a los cuadros me juzgan en vano pues soy un visitante más a punto de marcharse