Ayer contemplaba la caída del atardecer sobre Caracas desde mi
balcon. El hermoso paisaje me hizo inevitablemente caer en grutas de
profundas meditaciones que rozaban con esas reflexiones melancólicas que
te hacen quedar durante horas como un tarado observando algún punto
inmóvil del espacio. En ese instante algo me sacó de golpe de mi
introspección, un autobus conducía violentamente por la avenida a gran
velocidad despejando todo a su paso, en su techo tenía escrito con letras de molde en un sólido celeste:
"SUPÉRAME".
Y tras cruzar el elevado desapareció tan pronto como me asaltó.
Gracias mi pana, Conductor -O Conductora- En donde quiera que te
encuentres proclamando tu sabio mensaje de persistencia. Héroe anónimo,
heraldo de la providencia, que tu anuncio recorra toda Venezuela,
perrito.

Comentarios
Publicar un comentario