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HAL. Una sincronía inconexa. | Cuento

Un Cadáver Exquisito es un juego en el que dos o más personas realizan un escrito o dibujo en secuencia; cada una de éstas personas sólo puede ver el último trazo o el final de lo que escribió su predecesor. Bajo éste concepto surgió la idea de escribir un cuento casi a ciegas en conjunto a otra persona cuyas ideas no tenían aparentemente nada que ver con las mías.

Del ocio a la construcción de un extraño cuento, de cómo a raíz de una conexión a internet de mierda  y una película inacabada nos llevó a la realización de ésta esporádica historia.

Era un viernes por la madrugada en la que ninguno tenía planes de irse a dormir pronto, Cantv nos había fallado una vez más en nuestro intento de poder ver cualquier película online, y ya habíamos agotado cualquier debate posible, cuestión filosófica y anectódico de nuestros últimos días. Recapitulé de mis últimas lecturas el concepto que más me había fascinado, y pese a no recordar muy bien las reglas del juego, en el intento por mantenernos entretenidos adapté las siguientes:

Un párrafo cada uno,  el otro únicamente podrá leer las últimas dos lineas y así sucesivamente se irá escribiendo.

A pesar de mis ánimos de joderle por completo la trama, decidí seguir el juego (Era ridículo que lo arruinara siendo mía la propuesta de escribirlo) Sin mayor esperanza que la de ver qué resultaría de eso, no esperaba nada sorprendente y en efecto no lo fue... Lo que sí fue sorprendente fue la sincronía que tenían nuestras tramas y la manera en la que culmino espléndidamente como parte de una misma historia, teniendo ambos la posibilidad de haber cambiado su curso con cualquier tontería que se nos cruzase en ese momento.

No puedo estar más satisfecho con la genuinidad que nos resultó accidentalmente profunda y "coherente", incluso con los errores de tipeo, las ambigüedades y la mala puntuación, queda como una de las ocurrencias más divertidas que he hecho recientemente, les invito a leer el siguiente cuento corto al que mezclando nuestros nombres decidimos titular como: HAL. (Porque no se nos ocurrió un mejor título)




Recuerdo con mucho pavor la casa de la abuela, había algo fatídico en ella

repulsivo, no sé si era el mugroso aspecto que lucía siempre o sólo le odiaba

por brindarme las memorias más tristes de mi infanxia.


Si, infanxia, escrito a poprósito al igual que esa última palabra que también

decidí mal poner.

Pero la verdad es que no podía evitarlo, estaba en mi cabeza, lo veía cada día

ahí tumbado. Dando más pena que ayer, se supone que de aquí salí yo, me decía.

Difícil de digerir, no lo pienso aceptar.


¿Crees en el eterno retorno?

Encontraba escrito por todas las paredes como un dibujo mal hecho por un infante

abusado y con problemas muy serios de personalidad, pero claro que eso a mí ya

no me importaba, sólo tenía una razón más para volver y era esa irónicamente la

motivación más grande que había tenido nunca en la vida, al menos eso decía la

carta que hallé bajo la mesa.

¿De verdad dejé esa carta ahí hace tantos años? Ni siquiera el viento la movió.

Es como si la hubiese dejado para mí mismo al volver más adelante a este

asqueroso lugar.

Y sigo aquí, tratando de encontrar la pregunta para esta respuesta. Soy yo,

siempre lo he sido.

Yo... No me dejo de sorprender. ¿Cuántas veces hice esta búsqueda antes?

Me resulta gracioso, miserablemente cómico la verdad, antes de mirarme a un

espejo solía encontrarme con facilidad, pero ahora no veo nada más que borrones

y fragmentos cristalizados en el tiempo, como si todavía pudiese verme como la

misma persona, como si no fuera alguien más.

A veces me pregunto quién soy realmente, pero eso es ridículo, no soy nadie, ya

no más, y nunca volveré a ser alguien.

Es lo que diría si hubiese tomado aquél camino. A veces añoro con nostalgia lo

que pudo haber sido, si tan solo pudiese haber comprendido las cosas a tiempo.

Ahora debo continuar con mi trabajo aquí. —Podría buscarte todo el día, Jhonny.

—Digo mientras echo otra mirada a mi alrededor.— Ah, Jhonny... Tanto que pudimos

lograr.

Supongo que las historias más extrañas no vienen de aquello que leemos sino de

aquello que escribimos, que pretendemos ser y que con frecuencia casi nunca

esperamos tomarnos tan en serio. Yo sólo puedo dejarte jugar conmigo una última

vez antes de que decida hacer lo que ambos sabemos que pasará, así que dime;

¿Qué estás dispuesto a hacer?

Así que apretó del gatillo y me sentí morir y pude entender cuántas veces lo

había hecho, todas esas experiencias en distintos planos, ahora parte de un uno,

eterno, yo.


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